Dondequiera que estés te gustará saber
que por flaca que fuese la vereda
no malvendí tu pañuelo de seda
por un trozo de pan, y que jamás
por más cansado que estuviese abandoné
tu recuerdo a la orilla del camino.
Y por fría que fuera mi noche triste
no eché al fuego ni uno solo
de los besos que me diste.

Fragmento de Dondequiera que estés, Joan Manuel Serrar (via pedazosdecielo)

Deja un comentario