Aún se siente la fría brisa recorriendo mi cuerpo, son como caricias que una vez despertaron las pasiones que creía estaban escondidas. Hoy decidí salir en medio de la lluvia y deje que mi ropa destilara mi amor por ti, hasta que juntos nos consumimos en el mar que teníamos de frente.
Tu respiración se quedo en mi pecho y sin darme cuenta habíamos muerto; el luto que llevo tal vez se vaya con los días, entre mis tristes canciones y mis lágrimas pasajeras, descubrí cuan ciega estaba por tus palabras.
Los niños ya dejaron de ser niños, los mismos que jugaban ya no juegan por sus cuerpos; unos creen que ser adulto es la respuesta, pero para ser verdad no hay piedad cuando se cree en ella.
Ha llegado la noche y aquí estoy deseando que llegues y nos fuguemos entre la oscuridad de mi habitación, pero sé que te esconderás para que yo no pueda hallarte; es así como regreso a ser una niña contigo.
La mañana florece lentamente, mientras que yo estoy en una esquina de la habitación, aún sabiendo que mientes debo decir que te vez dulce durmiendo. Tomare mis cosas y dejaré que seas un niño libre, un niño salvaje que se encierra en sí mismo para que nadie pueda lastimarle.
– Poesía original de Aitana Guillen.
