Verso a los estragos de una líbido desenfrenada

Cae sin gracia alguna, totalmente vencido por su propio orgullo.

Cae rendido, flácido, ya muerto, vacío

Pues ha perdido ya su fuerza, su forma y las ganas de seguir,

De retomar lo de minutos anteriores.

Ahora siente frio, se siente vulnerable y pequeño,

Opacado por la sombra del recuerdo

Pues, incluso reviviéndolo, permanecerá muerto,

Quizás solo por ese momento, unos cuantos minutos,

O, si ya añejo está, unas cuantas horas e incluso días,

Tiempo en el que la memoria solo servirá para atormentar las ganas. 

– Poema original por su servidora, Aileen Martínez Soto.

Deja un comentario