Era el mejor cantinero de su abandonado distrito,
trabajaba en un bar, que era siempre el favorito.
Estaba prohibido prominente bigote
pero nadie lo delataba, parecía un monigote.
El piso de madera maltratado por la humedad
su uniforme impecable y la corbata al ras.
Siempre se antojaba de un buen cigarro
le lastimaba los pulmones, pero se imaginaba habanos
Venían los de siempre y a veces con sus amigos
venían pocas señoras y alguna vez un mendigo
pero disfrutaba atendiendo a una particular cliente
y de su olor a tabaco; tan solo verla en su ambiente.
Ella siempre se sentaba sola en la barra
pedía un bloody mary y una pizza bien horneada
además solicitaba que le traigan alcaparras
y salsa de ajos con albahaca y espinacas.
El cantinero vivía enamorado de aquella
soñaba la noche su vida con dicha estrella
con amor de clavo de olor y limón
Miel de nueces y frutas de estación.
Poesía original de Rómulo Engycel.
Publicado por Cadaveres
De niño mi familia creía que la terapia era para los locos y los locos estaban locos por creer necesitarla. Como buen loco, seguí y termine una carrera en el campo de la salud mental, buscando entenderme y ayudar a otros a hacer lo mismo. Para mi sorpresa, encontré lo que quería no donde buscaba, si no en las letras que tanto había intentado dejar de lado como un pasatiempo. Por medio de la poesía, encontré mi voz y comencé e largo camino de entenderme.
Escribo poemas de salud mental: como afecta nuestra relación con nosotros mismos y con los demás, como somos percibidos por los demás como esto afecta las percepciones que tenemos de nosotros mismos, como intersecciona con nuestras múltiples facetas de nuestra experiencia de vida. Por medio de mis letras espero invitar a otros locos a explorar, entender y aceptar quienes somos, a encontrar su propia voz y sus propias palabras.
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