Entraste por la puerta trasera de la casa, te vi pero nadie me creyó… me ignoraban, tenía que fingir que era feliz jugando con mis muñecas, pero cuando ella me castigaba en aquel rincón de la casa ahí estabas para enjugar mis lágrimas.
Escuchaba tu voz, recuerdas que en la escuela me ayudabas con las tareas y me susurrabas las respuestas, y nos comíamos un sandwich de mermelada lentamente, eructábamos iguales, me tomabas de las manos, cada que las juntaba para rezar; pero sabes a pesar de que los demás decían que eras un estorbo en mi pequeña vida, me confirmaba que si tenerte era locura, pero esa locura que me hacia inmensamente feliz.
Con el transcurso de los años… poco a poco me fui olvidando de ti, lamentablemente dejé de saber de ti, a veces me esforzaba para verte en cualquier momento, pero me abandonaste, quiero compartirte muchas cosas, quiero abrazarte y no soltarte, pero ya no estás más para mi, pero sé que estás para quien te necesite… hoy lo supe cuando los recuerdos tocaron la puerta de mi mente, cuando una voz infantil me pidió una galleta, el pequeño me pidió que la partiera a la mitad, porque quería compartirte la mitad… estuve a punto de ignorar lo que decía y me dijo despacito:
-mamá es para mi amiguito
No fue necesario buscar en cada rincón de la casa, porque al girar la cabeza supe que no me abandonaste a pesar de mi olvido, quise compensarte no con media galleta quise compensarte con un abrazo, pero te entiendo no quisiste aquel abrazo porque no me reconociste, pero yo esta vez si pude ver tus alas…
Cuento original por Resalova.
