Sin título

Te extraño demente, te extraño tierna, te extraño en todo mi maldito cuerpo, en estas tardes que caen de noches tempranas. Me acuerdo de lo que fuimos y no tuvimos, de lo que no te reclamé, de lo que no te dije y te quise decir. Te extraño, en el primer sentimiento de soledad. Te necesité para desahogar sentimientos que sólo tú entendías. Mi mente se refresca con tu sonrisa y esa mirada inconfundible de cuervos muertos. Nos recuerdo de frente, dormidos, callando, nos recuerdo hasta cuando no nos conocíamos.

Perdón que no haya podido superarte aún, perdón por no buscarte, no quiero estropear la vida que seguramente continúas sin mi recuerdo. Es desafortunado, mi teoría es que en verdad te amé, y te amo, una honestidad que me lastima cada centímetro de mis recuerdos. Desde un dolor de huesos, hasta contracciones pulmonares ocasionadas por suspiros que no te quise contar. En verdad te amé y me embriagué tanto con tus besos de licor de cereza, rojos y vivos, dulces y suaves. Es un hechizo que idiotiza hasta al más cauto, es algo que nunca imaginé mendigar, el lado oscuro de amar.

Me acabé cada día desde que nos fuimos, lento y suave, como enfermo, bendigo al cáncer de tu cuerpo. Sé que algún día podré seguir adelante sin pensarte tan seguido, sé que llegará el día, o tal vez no llegue, tal vez más adelante me arriesgue a entrar a tu vida de nuevo y asaltarte el corazón. Pero por lo pronto quiero decirte que aún me siento vacío sin ti, y que en verdad me siento desafortunado, como un vago sin alma.

¡Olvídalo! Debo confesar, sin querer te vi caminado con ese extraño, dedicándole sonrisas que pensé eran mías, cuando los miré, sentí la metáfora del corazón destrozado, y volví a morir. Te felicito, qué rápido reemplazas promesas, qué tan corto es el siempre de tus labios.

Narración original por el usuario Barrococeleste.

Deja un comentario