Hace un par de días leí algo que puso mi mundo de cabeza, o en su defecto me hizo poner los pies sobre la tierra. En cualquiera de los dos casos me dio la cachetadita que necesitaba, esa que te dice “¡Eh güey, pon atención!”. Puedes no creerme si así lo deseas. Es más, te pido que por favor no me creas. Pero si algo de lo que voy a balbucear te parece interesante, te suplico que lo hagas tuyo.
“Hay algo que la fotografía a color jamás podrá captar, y eso es la esencia de las cosas. Dicen que cuando quieres conocer a una persona, debes sacarle una foto a blanco y negro, no te distraerás con los colores y sabrás encontrar lo que andas buscando. Yo siempre te vi en blanco y negro y era lo que más me gustaba de ti”
En ese momento pude darme cuenta porqué nunca me gustó la frase “Ha llenado mi mundo de colores”, porque aún sin saberlo, lo que me gustaba de ti eras tú y no lo que veía en ti. Nuestra historia fue así: en blanco y negro. Una historia que en realidad parece historia, de esas en las que la fantasía y el drama no eran lo más importante, donde no se vive felices para siempre y tampoco se tiene un final feliz.
Realmente amé el día que nos tomamos esas fotos, ahora es el único recuerdo que tengo de nosotros (eso y las cientos de historias dentro mi cabeza). Y porque son lo único que me quedó de ti, las cuales quedaron guardadas en una carpeta dentro de otra carpeta dentro de un par más en el disco duro de mi computadora. Perdidas entre archivos y documentos que ya no uso nunca más, pero que no borro por si algún día los llego a necesitar; y aunque sé que eso no pasará, no me atrevo a deshacerme de ellos. Permanecieron allí guardadas desde el día de tu partida, al otro lado del universo y había prometido no abrirlas jamás, hasta hace unos días que leí aquella frase; eso cambió el rumbo de las cosas y entonces las busqué. Carpeta tras carpeta y las encontré.
Primero me puse triste. Aquellos recuerdos que mantuve aislados por tanto tiempo, finalmente tenían su oportunidad de destruirme y no la desperdiciaron. Lloré hasta quedarme sin lagrimas y un poco más. Incluso lloré con los ojos secos.
Después de un par de interminables horas por fin pude recuperar la calma. Ya estoy tranquilo y ya casi no me dueles. Me tomé la libertad de escribirte una carta en la que incluyo este escrito y un par de fotografías nuestras en blanco y negro. Incluyo también una fotografía que acabo de tomarme, espero que notes que mi mirada ya no es de nostalgia y tristeza, sino que ahora refleja esperanza y alegría.
Estoy a muy poco de alcanzarte y espero que esta carta te llegue antes de que los globos se desinflen.
Te veo en las estrellas.
Sinceramente, Herr Sanz.
