No se imagina cuantas veces pensé en escribir esta carta, no por una necesidad sino más por una obligación, no sé ni por dónde empezar, ni siquiera sé si deba empezar. Quiero que recuerde tantas veces que estuve a su lado sin tenerle cerca, al menos así lo sentía yo, no se imagina cuanto duele, duele. Días me pase pensando en cómo ponerlo en palabras, como poner en palabras la infinidad de veces que yo a usted lo pensaba, ¿ha sentido alguna vez como todo se apaga y solo un débil sonido pasa? Ese leve sonido era el que me molestaba, pasaba horas tratando de entender lo que decía, ¿de donde provenía?, ¿que era? Yo no sé cómo empezar esta carta.
Este día lo entendí, entendí que era buscar el infierno y amarlo. Como supuse que no sería fácil escribir esto, me dedique a pensar en cada uno de los momento que atesoro, en cada una de las hojas sueltas que dejamos caer con lo que escribíamos plasmado en ellas, no sé si fue en vano pero yo recogí cada una de esas hojas, ahora son mi mayor tesoro. Sentir de esta manera no es nada fácil, usted me a costado noches enteras, me ha costado muchas promesas, ahora sé cómo se siente un alma en pena, ahora se en este momento que es sufrir en vida, sé que las penas del alma son algo incomparable frente a la agonía, pero no puedo fingir que mis ojos no lloran cuando lo necesito, yo a usted lo necesito, necesito saber porque me siento así cuando lo veo, porque insisto en buscarlo cada que puedo.
Para que no se confunda con todo lo que le estoy diciendo, créame cuando le digo que me cuesta decir todo esto, aún estoy confundida, pero más que confundida pretendo aclarar solo una cosa, usted. Si quiere que le sea sincera, jamás en nuestro tiempo me he sentido triste, el estar a su lado siempre me dibujo una sonrisa, trate de evitarlo lo juro, trate de fingir que no lo sentía, intente odiarlo tantas veces, no pude.
Estoy fracasando en este intento por mostrarlo todo, es que son demasiadas cosas, jamás me atreví a escribir sobre usted hasta hace unos días. ¿Recuerda nuestra última conversación escrita?, después de eso escribí esto para usted, pero lo escribí reteniendo mucho de lo que siento:
Lloramos, lo escribimos mientras lloramos, por que queríamos gritar, pero no teníamos voz. Nuestras manos estaban atadas, nuestros ojos vendados, de esa venda escurrían gotas negras. Nada se escuchaba, ¡NADA!, ni mi respiración, aun así, aun muriendo, aun ahogándome, tenía la certeza de que al morir, mientras agonizo, sé que tu estas hay, en la misma situación, ahogándote, gritando en silencio. Sé que lo escribes, así estas palabras absurdas, ojala lleguen a tus manos, ojala no tenga que escribirlo sola, ojala que muera y muera en sus brazos.
No espero que ahora me entienda, pero espero que idealice de alguna forma lo que siento, porque se lo pongo en estas palabras tratando al tiempo de entenderlas, no sabe lo mucho que me hace falta, y lo mucho que quisiera saber de usted. Creo que mi intención con esta carta solo es contarle parte de mí, pero no espero su respuesta, no espero que me rebelen sentimientos encontrados alrededor de esto. Así como llore de tristeza al pensar en olvidarlo, por simple respeto le pido que usted y yo guardemos este secreto, no porque me avergüence, al contrario, no veo quien pueda ser merecedor de conocer esta confesión más que el propio hombre a quien se la escribo, lamento no haber dicho tantas cosas, pero es hora de entender que un alma gemela no necesariamente está destinada a estar con su otra parte. Usted es y siempre será mi ideal de amor, por usted muchas veces me sentí viva, por usted muchas veces quise salir de mi baúl de mentiras.
No quisiera acabar esta carta, no sin antes decirle que estar con usted es la mejor forma en la que me he sentido viva, usted con esos ojos medio rasgados, con esos pequeños detalles, y esas absurdas pero espontaneas caricias, sabe usted porque le digo todo esto aquí, porque precisamente aquí lo conocí. Recuerde que ya nos habíamos visto, yo con mi patética cinta negra en el cuello y usted con sus caprichos al cigarrillo, ese no fue el día en que lo conocí, ese día solo lo vislumbre bajo una extensa sombra, hoy sé que conozco una parte suya, y creo que esa sombra oscura, dejo de seguirlo, o por lo menos cuando lo diviso a lo lejos solo pareciera estar presente, ya no se apodera de usted; una parte que atesorare; no se preocupe en cuanto a lo que pensaba de usted en ese momento, jamás creí conocer en la vida una persona igual a usted, la verdad creo que pierdo la esperanza al decir que como usted no hay otro igual.
Aun me pregunto cómo será estar a su lado, es decir, como será tener la fortuna de besarlo, pero no como aquellos gestos de cariño que usted y yo propiciamos, me refiero de verdad a besarlo. Ahora pienso que mejor hubiera omitido esa parte, pero no tengo el valor, decidí escribir esto en la mejor expresión de mi sentimiento.
Ahora bien creo que es momento de concluir la carta, con un pequeño pedazo de mi corazón roto espero que no se desplome, no se aun como tendré el valor para entregarle esto, no se aun si cuando lo lea pueda explicarlo, es más comprendí que a usted simplemente lo siento, es algo muy intenso que me calcina el corazón, que me hace correr en una dirección contraria con miedo a que me lastimen, he de suponer que en la tierra habrá quien lo quiera, pero no así como yo lo quiero, porque esta clase de afectos no tiene definición, no tiene sentido, nos matan, nos comen a pedazos. Usted, es… El escritor, que hizo de los instantes más tontos, más vergonzosos, más molestos y más irritantes, fuera un sueño.
Mis sentimientos no cambiaron solo por él, yo siempre lo quise a usted así, desmedidamente y sin necesidad de querer algo de su parte.
Aunque quisiera dejar la posibilidad, sé que nuestro encuentro no fue casual, pero como dije antes, somos almas gemelas que no están destinadas a estar juntas.
Prosa original de Allebasi.
