Ábrete, pero no de piernas. Ábrete más bien como un libro, porque así te deseo, como un lector desea leer un buen libro. Déjame leerte, disfrutarte página a página descubrirte, encender mi imaginación, sí, puedo imaginar mil cosas contigo, acariciarte delicadamente como al cambiar una hoja, desvelarme leyéndote porque no puedo dejarte. Entenderte, quiero entenderte y que me hagas entender. No quiero quedarme con lo que puedo ver, quiero hundirme también y ser tú para comprender tu actuar. Llorar, llorar por ti y contigo porque puedo sentirte. Sonreír con lo que te hace feliz y por lo que tú me haces feliz. Enojarme, quiero también enojarme porque sé ya que algunas cosas no aceptaré pero te seré fiel. Soñarte, porque en mi mente aun dormida siempre estas. Amarte, te amaré y serás lo primero que tome al despertar porque la ansiedad de seguir leyéndote siempre me ganará. Perderme, encontrarme y luego volver a perderme entre los segundos, minutos y las horas que pasan casi sin advertirlo. Aprovechar el tiempo para aprender más sobre ti y amarte un poco más conforme pasan los días. Mi mejor compañía en las noches y en los días de lluvia. Y cuando llegué el final, cuando tenga que leer el ultimo párrafo, lo haré, como todo buen final sonreiré y me alejaré, llevaré lo que he aprendido de ti siempre conmigo, sin duda mis pensamientos e ideales no serán los mismos después de descubrirte a ti, aprenderé más, seguro, habrá más libros en mi amanecer, quizá no los disfrute tanto, o sí. Nada cambia el hecho de que algún día te leí, te entendí, te lloré, te soñé, te imagine, te sonreí y te amé. Déjame vivirte, déjame leerte.
Texto original de Jal Hernández.
