Plumas.

Preparándose para salir el colibrí alista las plumas que ha de usar como atuendo y las deja sobre la cama para ponérselas una por una.

La borrasca celosa por tanto color llega iracunda y patea las plumas que de inmediato se dispersan allí y allá.

¡Qué caos!  Hay plumas por todos lados.

Desprotegido, el pájaro se agita…teme. El temor se alimenta de frío y lo enhiela.

Piel desnuda, expuesta,  inmune, endeble en épocas de crudo invierno.

Conservo la esperanza de que los rayos del sol surjan tras las toscas nubes

y disipen la lobreguez que lo inunda.

Que beba sol y se colme,

que resurja y eche a volar para acopiar los pedazos caídos.

Ulterior al caos, 

sonreirá

y entenderá que cuando una pluma cae,

es menester recogerla.

Y si acaso ésta se perdiese con la brisa,

correrá el tiempo deprisa y hará nacer en la tez baldía plumas nuevas,

más fuertes y ligeras,

más coloridas y vivas.

Poesía original de Colibrí de los corales, Krisa Giraldo

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