Pienso en cada uno de ustedes en momentos solitarios.
Una imagen, palabra, objeto, cualquier cosa y recuerdo todo como si aún no acabara esa historia.
Once años atrás y tu mano se escurre por debajo de mi blusa.
Yo continúo sentada a tu lado mientras que otro nos observa y ríe contigo.
No sé que hacer y me quedo quieta, callada.
Después escuché que me llamaste de nombres, insultos que no te atreviste a decir en mi cara,
Pero que importa si lo único que quería era agradarte.
Cambie por ti un millón de veces,
Como hablaba, vestía, como apresuraba mi sexualidad para que me notaras.
La última humillación que me hiciste pasar fue la última vez que te vi.
De alguna manera tenía que aprender.
Ocho años atrás y estoy contra la pared,
Tus manos sostienen las mías firmemente sobre mi cabeza.
Una de tus manos se desliza bajo mi ropa y comienzas a tocar, a forzar.
Vez lagrimas escapando de mis ojos, sientes el forcejeo que hago
tratando de liberar mis manos y ves mis labios diciéndote “no.”
Te alejas, enojado.
“Me haces sentir como si fuera un violador.”
Y me dejas de hablar por un tiempo.
Esta no será la última vez que me hagas esto.
Un par de años más y estaré debajo de ti,
mi rostro contra la cama y tus manos deteniendo las mías mientras tu entras en mi, sin aviso alguno.
Pero esta vez no diré nada pues he aprendido mi lección: dejarte hacer lo que quieras o perderte.
Lo que gustes con tal de que me ames, ¿verdad?
Unos cuantos años atrás y esta oscuro, estamos solos.
Me besas y te beso a pesar de que intentaste sofocarme con tus manos unos momentos antes
Cosa de la que me reí porque tu y todos los demás rieron también.
Ahora esas manos que intentaron sofocarme apartan la ropa que se interpone entre mi piel desnuda y tus labios.
Yo te digo que no pero no haces caso y continuas
y solo cuando mis manos se dirigen a tu rostro, llenas de ira,
Te detienes, las sostienes firmemente y te ríes, te burlas de mi tratando nuevamente de besarme.
Yo te empujo y huyo.
Al día siguiente pretendo que nada de eso pasó.
Dos años atrás y creo que te amo.
Disfruto de ti, de tu compañía, de tu risa y de tu cuerpo.
Llega un momento donde tomas mis manos y las restringes
te pongo un limite y tu no escuchas, tus manos continúan.
Finalmente te empujo con mis rodillas y es así que te das cuenta de que hablo en serio.
“Lo siento, perdón, ¿te lastimé? Discúlpame, pensé que estaba bien.”
Presente. Casada contigo, durmiendo bajo las mismas sábanas y después de esa única vez no me haz vuelto a lastimar.
Te amo y me amas, disfrutamos el uno del otro,
Pero el tiempo no ha borrado los recuerdos, mi ira, mi humillación.
Ahora te rehúso aunque me gustaría disfrutar de ti,
No soporto las caricias, los besos, palabras de amor ni la intimidad
Pues me hierve la sangre y me atacan los recuerdos.
Me tocas y entro en pánico,
Siento tus labios y rompo en llanto.
Llevo marcado en mi cuerpo y en la memoria el recuerdo y dolor del pasado.
Te amo, te quiero, abrázame, bésame.
Aléjate, no me toques, distráeme que ya no quiero recordar.
No tuve la fuerza, me la arrancaron a punta de humillaciones, a punta de abusos disfrazados de promesas de amor.
Y ahora solo quedan recuerdos saturados de pánico, miedo, ira y rencor.
Disculpa, no quiero revivir el pasado.
Tu tacto hace que arda mi corazón.
Poema original por su servidora, Aileen Martínez Soto.
