(…) Tú dijiste “Si quieren provocarlos… vamos a provocarlos en serio. Dejemos el juego.” y yo quedé atrapado en tu aseveración, como queriendo entender de donde venían todas esas ideas, toda esa chispa, toda esa desproporcionada capacidad para hacerme confiar. ¿Por qué… ¿Por qué siempre lograbas pensar en algo que yo no pudiera siquiera imaginar?

Era alcanzar tu mente con la punta de los dedos y verla elevarse todavía más. O correr hasta el ahogo detrás de tu energía inagotable.

Nunca mentí. Hice todos mis esfuerzos, me retorcí a gatas hasta la meta. Perdóname si no fui lo suficientemente rápido. Perdóname si ahora debo comenzar a caminar, a sabiendas, incluso, de que no hay nada más estimulante que ir corriendo tras de ti. (…)

Prosa poética original de Palabras Infértiles.

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