(…) Yo le insistí en alguna manera. Una vía posible… entonces respondió, como ignorándome, solo con una pregunta. No respondí; sentía ira, estaba haciendo todos mis esfuerzos por salvar algún resquicio. Volvió a ignorarme y a insistir. “De todas, todas aquellas cosas… ¿Con cuál me recordarás más?”
Y aunque sabía que no era así, por alguna extraña razón, pensé en el mar enseguida. Siempre lo quise mirando al frente y, si traigo una caricia a mi mente, está la costa, los cigarrillos, la invención como la inmensidad al horizonte sin final.
“Ojalá hubiese sido así” – me digo – “Ojalá pudiera tomar con exclusividad un momento y relegarlo a mi selección consciente.” Entendí que no era su ego, entendí que su elección, desde hace mucho, sería la melancolía. Entonces quise irme a París, encontrar otra casa, cambiar los muebles, disfrazar a los perros; entonces quise que me lo arrancaran por arte de magia. Que me extirparan su presencia del todo y para siempre.
(…)
Prosa poética original de Palabras Infértiles.
