Piensas que todo será distinto en poco tiempo,
cuando tu dolor se duerma, arrullado por miles de horizontes esponjosos;
cuando tus entrañas hayan trascendido a estados estelares…
Tarde te diste cuenta de los sacrilegios
que comete la realidad contra lo eterno;
tarde te diste cuenta de la inmundicia de las hadas;
de que alguien había sobornado a tu ángel de la guarda;
de que en los suburbios de tu lecho
algún duende cabrón debe andar tejiendo esos eclipses
que se traban a las sábanas.
¡Mira cómo vienen las luciérnagas
a verte morir!
¡Mira cómo ríen y se anudan
a esa trémula y verdiscente claridad
que agoniza vespertina en la ventana!
¡Mira cómo se dilata ese anochecer
que construye barracones en tus venas!
¡Ah, tus mejillas alboradas dicen que ya no hay vuelta atrás…!
¡A tomar por culo todo!
No habrá más leyes físicas
empeñadas en castrar esa pasión necrosensible.
Se terminó el tener que apurar la inocencia
hasta la última gota;
el ser golpeado por los enemigos
y rematado por los amigos;
negar las exigencias de tu orgullo
más por miedo de matar que de morir…
acabar con los labios chamuscados
por tanta desilusión de alto voltaje.
¿Volverás alguna vez para vengarte,
monstruo de terciopelo?
Porque ahora podrás culebrear entre los genes
de sus hijos;
conocer los vendavales desde dentro…
te confinarás en la tormenta
y le pondrás melodía a cada rayo;
te hundirás entre las llamas
y en el calor de su hogar les quemará tu cara.
Porque todavía tendrás mucho que decir,
aunque los gusanos pongan larvas
en las cuencas vacías de tus ojos…
…ahora que tu cráneo sale disparado al infinito;
ahora que sientes tus párpados haciendo las maletas.
Y yo lo contaré…
si la luna no me mata.
Poesía original por Eros Ignem.
