Contaba las últimas monedas con las manos pesadas por el agua empapaba su saco, faltaban veinticinco centavos para volver a casa y la fuente no cesaba de mojarlo, de peinarle los pies a gotas.

Guardó con una felicidad acuática sus monedas y sintió cómo se dibujaba una sonrisa en su boca, que se desparramaba por toda la cara.

A veinticinco centavos de volver a casa, de recuperarlo todo, entre ladrillos, al lado de gente que hace lo que se ve que hacen, que cuentan lo que uno espera que digan y tras el cierre de sus puertas están a mucho más que a veinticinco centavos de su hogar.

Y entre carcajadas que juzgó indecorosas y no le importó, observó con los ojos del que ya está, el que sencillamente ya está, a toda la gente que sin saberlo camina por ahí, sin dejar huellas, sin habitar siquiera un segundo entre sus pasos.

Prosa original de Bestia Analfa.

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