Marco – I –

Marco abrió los ojos. Aun sumido en las nieblas del sueño paró el despertador, que aunque ya no daba la hora, nunca se olvidaba de sonar puntual otro día más. El joven se levanto lentamente y se desperezo como un gato acabado de levantar una siesta. Abrió la ventana de su balcón y la luz siempre limpia de la mañana le dio en la cara, arrancándole media sonrisa. Andando descalzo por el pasillo, fue a la cocina en lo que era su creencia de lo que debería ser empezar un día. Se lleno un vaso de agua y se lo bebió junto a la ventana, mirando al cielo que hacia poco que se habría librado de la oscuridad de la noche.

   Una de las primeras cosas que le había explicado el Maestro era que en nuestro día a día Marco hay pequeñas cosas que nos hacen sentirnos en paz y sonreír. Y no se trata de buscarlas sino de estar un poco atento, para cuando pasen, darnos cuenta y recordarlas. Si las buscas intencionadamente, no tienes por que ver las correctas. Si recuerdas las que ya funcionaron, no hay error que valga. A partir de ese día, úsalas. Úsalas como un impulso. Como un cargador. Por que estas pequeñas cosas son decisivas para transformar otro día mas, en un nuevo día.

   Y entonces miro en silencio el cielo de la mañana mientras bebía un vaso de agua clara y sonrió al nuevo día.

Narración original escrita por unodelosdosdiraalgo.

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