Voy en bicicleta a almorzar a la playa. Tomo la ciclovia de Avda del mar en dirección al sur. 50 metros, levanto la cabeza y la rubia que va delante mío, y que calza unas calzas que contienen un culo monumental, no tiene empacho alguno, en detenerse para acomodarse la ropa interior que trae puesta.
Delite de los automóvilistas que tocan la bocina, de los runners que aminoran el paso, de los obreros que atorados no pueden pronunciar piropo alguno y de un perro negro, chico y flaco que se languetea pensando en lo delicioso que debe se saber ese monumental pedazo de carne.

Mi tiempo es escaso, mi comida se enfría y el hambre es intensa.
La rubia sigue su camino y yo me instalo en una banca vista al mar. El perro negro, chico y flaco me mueve la cola. Yo lo invito a almorzar.

Prosa original de Psychofinger.

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