“La alegría” de un niño montado sobre los hombros de su padre.

“La parsimonia” del Homeless, que sentado en cualquier plaza, come de las sobras recogidas por ahí.

“La urgencia” de la pierna rota, que clama por atención médica.

“La discreción” del Don nadie, que cae muerto en cualquier calle sin más huella de su existencia, que la constancia en el registro de defunciones, que lleva el empleado del cementerio.

“La velocidad” con que un drogo, transforma en humo los billetes.

“El ímpetu” del perro más chico de la leva, que ha sabiendas que no ha de conseguirlo, corretea digno al lado de los canes más grandes, todo, para follarse a esa perra.

“La tristeza” del creyente devoto, al enterarse de que el cielo está lleno.

“La ansiedad” del primerizo, del debutante en la cosa sexual.

“La voluntad” del ex convicto redimido, que le huye al delito, como Lota Schwager le huye al descenso.

“La calma” de un domingo por la mañana.

Prosa original de Psychofinger.

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