La fuerza del débil.

               Ni la mayor de mis tensiones, ni el mayor de mis temores hacen palpitar tan fuerte, tan rápido, tan duro mi corazón como el verte un instante a los ojos, y besarte para siempre, sin tocarte. El imaginarte aquí a mi lado, opaca por completo todo lo malo, todos los demonios que viven en mi interior se arrodillan ante ti, todas las sensaciones de tortura se llenan de amor, cada que pienso en ti. Todo se hace inmortal en tan sólo un segundo, podría acabar justo ahora, y es la belleza de que nunca volverá a pasar lo que lo hace único, lo vuelve inmortal. Ódienos y envídienos quiénes nos maldicen, pues nos verán acabar, porque somos frágiles, somos vidrio y somos papel y caeremos, caeremos en el pozo más oscuro y profundo, quizás, pero ámennos sólo nosotros, pues no necesitamos más de un segundo para enamorarnos, porque somos humanos, y nunca seremos de hierro ni acero, ni de ninguna cosa que no sea capaz de sentir.

Prosa poética original de Dante Vasách.

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