Querido diario, está será la última vez que escriba… Me encuentro desesperado; temeroso ante mis deseos, ante mis anhelos, y es por eso mismo que esta noche me he de suicidar.
Porque solo de esta forma, podré superar esta agonía que carcome lentamente mi interior. La desdicha de ya no sentir sus labios, su piel, su respiración, me está volviendo loco. Ya no tengo un lugar en este mundo terrenal, no desde que me dejó.
Las noches que pasé junto a ella, los días en los que bromeábamos y nos juramos amor eterno, solo quedan como vagos y vacíos recuerdos en mi mente; presencias imborrables que me atormentan en mis sueños, en mis pesadillas.
Ya no tengo voluntad de levantarme. Ya no siento la necesidad de querer despertar, no sin ella junto a mí. Me duele, me destruye, me mata su partida. ¡Ya no puedo más!
Lloro todas las madrugadas, no puedo dormir. No puedo vivir más así, no sin ella. Las esperanzas se han desvanecido, se han olvidado de mí inútil alma. Ella lo era todo para mí. Mi musa, mi inspiración, mi complemento, y ahora ya no la tengo.
Querido diario, estas son mis últimas letras, mi último dolor. Es lo último que escribiré. Es lo que tengo que decir antes de partir. La quise, la sigo querido. Si ya no la tengo, de nada servirá seguir, no sin ella junto a mí…
Prosa poética original de Murillo (TrueColoredBlack)
