Me encantan los párrafos que inician con un “después de todo”. Siempre son tan contundentes, impactan por completo en la historia y advierten una reflexión que concluirá con lo acontecido. Después de esta frase viene el momento de encarar la verdad y retornar la vista al trama principal: una novela, un cuento, un poema, una vida, todo necesita un “después de todo”. Ese algo que indique cuándo detenernos, pensar y reafirmar camino o recostarse en el lodo. La gran revelación, el final, que se espera como escritor, sea importante; como lector, que sea satisfactorio y como quien lo vive, que llegue para bien, siempre para bien, aunque claro está, aquella frase es usada comúnmente para todo lo contrario: esos finales desgarradores, que te estremecen y hacen pensar que no sirvió de nada el esfuerzo, que todo resultó ser de una manera diferente, que pase lo que pase siempre estarás jodido después de todo.
Narración original de Jonatán H. Andrade.
