Me gustaría que el reloj comenzara a hablar
y me contase ahora sobre mi vida.
“En esta semana dormiste 42.07 horas, caminaste por otras 30.35;
hiciste el amor en un promedio de 124 minutos…”.
Que tuviera una bocina – bocina, porque
la boca miente, y peor que eso, convence -.
No quisiera que dijera bueno o malo,
sino, esto y el otro.
Ni siquiera que recomiende caminar más o dormir menos,
porque inmediatamente se sentiría en confianza.
-Y nadie quiere una voz alardeando debajo de ropas en el suelo-.
Pensándolo bien, dejémoslo así,
Hasta el tic tac en ocasiones me molesta, me acosa.
Ya recordé que por algo lo compré sin siquiera alarma.
– me da el reloj más mudo que tenga, por favor.
– tenemos este nuevo modelo, no dice ni la hora.
– perfecto, me lo llevo.
Poesía original por Jonatán H. Andrade.
Publicado por Cadaveres
De niño mi familia creía que la terapia era para los locos y los locos estaban locos por creer necesitarla. Como buen loco, seguí y termine una carrera en el campo de la salud mental, buscando entenderme y ayudar a otros a hacer lo mismo. Para mi sorpresa, encontré lo que quería no donde buscaba, si no en las letras que tanto había intentado dejar de lado como un pasatiempo. Por medio de la poesía, encontré mi voz y comencé e largo camino de entenderme.
Escribo poemas de salud mental: como afecta nuestra relación con nosotros mismos y con los demás, como somos percibidos por los demás como esto afecta las percepciones que tenemos de nosotros mismos, como intersecciona con nuestras múltiples facetas de nuestra experiencia de vida. Por medio de mis letras espero invitar a otros locos a explorar, entender y aceptar quienes somos, a encontrar su propia voz y sus propias palabras.
Ver todas las entradas de Cadaveres