Mirando el reloj

Me gustaría que el reloj comenzara a hablar

y me contase ahora sobre mi vida.

“En esta semana dormiste 42.07 horas, caminaste por otras 30.35;

hiciste el amor en un promedio de 124 minutos…”.

Que tuviera una bocina – bocina, porque

la boca miente, y peor que eso, convence -.

No quisiera que dijera bueno o malo, 

sino, esto y el otro.

Ni siquiera que recomiende caminar más o dormir menos,

porque inmediatamente se sentiría en confianza.

-Y nadie quiere una voz alardeando debajo de ropas en el suelo-.

Pensándolo bien, dejémoslo así,

Hasta el tic tac en ocasiones me molesta, me acosa.

Ya recordé que por algo lo compré sin siquiera alarma.

– me da el reloj más mudo que tenga, por favor.

– tenemos este nuevo modelo, no dice ni la hora.

– perfecto, me lo llevo.

Poesía original por Jonatán H. Andrade.

Deja un comentario