Capítulo I

Hace tiempo que me sequé las lágrimas,
que limpié las telarañas de mi corazón,
me deshice de las palabras que nublaban mis sentimientos:
Así desapareció…
el odio,
el miedo,
el rencor 
e incluso el dolor…
Comencé a avanzar.
Un paso,
otro,
una caída.
Pero esta vez no me iba a parar,
otro paso,
otro,
uno más hasta que me el camino se hacía solo. 
Y entonces te vi,
no supe entender tu luz, tu forma de brillar, de respirar o mirar…
El roce de tu olor me embelesó, en el océano de tus ojos bailé,
suave balanceo, como una música que suena y que no quieres parar,
un sentimiento que bombea a cada vena la sangre que te da la vida,
el tambor que retumba en las más oscuras pesadillas,
la voz que te guía, la mano que te levanta y acompaña,
en tu amor, Alejandro, en tu eternidad me quedaré para siempre:
El siempre que viene de la vida y hacia la muerte quiere yacer.

Poesía original de Líneas superpuestas.

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