Sálvame

En un día lluvioso el joven Claudio estudiaba para su próximo examen acompañado de un café, pero la campanilla de la entrada lo distrajo. Una mujer con el cabello humedecido se quitaba su abrigo y buscaba desesperadamente una mesa. A Claudio se le paro el corazón por un segundo al encontrarse con los enormes ojos color miel de aquella muchacha y mientras luchaba con el dilema entre acercarse a la joven o quedarse ahí observándola, la muchacha desapareció. La cafetería estaba llena y la joven no consiguió mesa. Decepcionado Claudio prosiguió a seguir estudiando.

De vuelta a casa a Claudio le carcomía la mente llena de dudas sobre aquella chica. A pesar de que no la conocía Claudio ya estaba enamorado.

Meses después…

De vuelta en aquella cafetería Claudio recordaba aquel día en el que vio por primera vez aquella muchacha dueña de su corazón y como si todo hubiera vuelto a pasar la campanilla timbro y la muchacha de los ojos color miel entro a la cafetería. A Claudio le tomo unos segundos asimilar la situación, pero esta vez no dejo ir la oportunidad, se armo de valor e invito a la muchacha a tomar un café.

21 años después…

Siempre me ha gustado recordar la historia de cómo mis padres se conocieron. Siempre pensé que su amor era verdadero y duraría para siempre.

Pero todo ha cambiado desde que Guillermo, mi hermano, descubrió que mi papá engañaba a mi mamá desde hace ya un tiempo con Sandra; una pelirroja de unos 22 o 23 años.

Desde ese momento mi vida ha cambiado, ya no vivo de la manera que lo hacía antes. Vivir con mi mamá y hermano es como vivir sola, mi mamá pasa sus días deprimida, encerrada en su habitación y Guillermo nunca se encuentra en casa. Veo a mi papá dos o con suerte, tres sábados al mes y esto es porque si no está en la clínica cubriendo alguna cirugía, se encuentra con Sandra disfrutando de la vida como que si él fuera tan joven como Sandra lo es.

Ya no sonrió ni disfruto lo que hago. Ir al colegio y regresar a casa ya no me molesta como antes. Solía salir con mis amigos, pintar en las tardes, bailar y cantar cuando me sentía feliz. Pero ya no es así, ya nunca estoy feliz. Mi familia esta desintegrada y yo muero por dentro.

Extraño salir a caminar con mi papá por las mañanas y a charlar con mi mamá por las tardes. Extraño a mi hermano y sus ocurrencias. Extraño mucho mi antigua vida. Pero no importa, porque nada nunca volverá a ser igual. Ni mi papá volverá, ni mi mamá volverá. Él está perdido en el deseo de ser joven otra vez y ella está perdida en la amargura y la decepción.

Guillermo esta peor, mi hermano mayor esta perdido en las drogas y el alcohol. Guillermo ahora odia a mi papá, no habla con él, ni de él. Es como que si lo hubiera borrado de su memoria.

Solían ser muy unidos, claro que esto fue mucho antes que Guillermo descubriera lo que pasaba entre mi papá y Sandra, solían salir a jugar futbol y platicar sobre autos. Les gustaban las mismas cosas y confiaban mucho el uno con el otro. Siempre envidie un poco el tipo de relación que ellos llevaban.

Guillermo quedo destrozado; se lleno de odio y decepción, el hombre que el mas admiraba le mostro su otra cara y el alma de Guillermo no perdona. Pero si sufre. Y sufre mucho.

Guillermo estaba en la universidad y fue fácil para el escoger amigos con los cuales le era permitido desconectarse del mundo. No lo supe hasta después de unos meses cuando yo misma lo vi inhalar un polvo bblancuzco una noche en la que el creyó estar solo. Me rompió el corazón verlo así. Guillermo me descubrió y reacciono violentamente hacia mí. No solo me lastimo físicamente pero también me marco sentimentalmente. Había perdido a mi hermano y no podía recuperarlo.
No podía salvar a nadie sin que alguien antes me salvara a mí.

Acá es donde entra Luca, mi mejor amigo. Lo conocí en primaria y la conexión fue instantánea, yo solía jugar con él y él solía jugar conmigo, hasta los juegos que eran de niñas. El está siempre para mí, y yo estoy siempre para él. Él fue quien me salvo. Cuando mis padres se separaron me aleje de la sociedad, no salía de mi habitación y después que mis lagrimas se habían secado lo único que hacía era pensar, acostada en mi cama viendo hacia el techo, eso era lo único que hacia; pensar. Al principio fui muy buena disimulándolo, aun sonreía y trataba de participar en el colegio. Pero poco a poco desaparecí y empecé a hacer lo imperdonable, cortaba mis muñecas horizontalmente y las dejaba sangrar. No me dolía, me liberaba. Hacía que la cara de mi mamá, hundida en su miseria no se viera tan lastimada, hacia que la falta de la presencia de mi papá no doliera tanto y por supuesto me hacia olvidar que mi hermano estaba perdido. Luca pronto lo noto, él decía que el brillo de mis ojos desapareció, que yo ya no estaba, que me estaba consumiendo. El me demostró amor y apoyo cuando más lo necesitaba, él fue la razón por la cual mis cortes no eran verticales. Él me salvo. Y salvo a mi hermano.

Pues solo así tuve el valor para enfrentarlo y poder ayudarlo. Fue muy difícil pues él aun creía que yo solamente era una niña, inmadura y sin sentimientos. Creyó que yo no entendía y que no podía ayudarlo. Pero lo hice. Guillermo ya lleva dos años sobrio y limpio. Ambos ayudamos a mi mama a salir de su miseria, cuando al fin comprendió que no fue su culpa que mi papa fuera un completo sin vergüenza, que no es que ella no fuera suficiente para mi papá, pero que ella era mucho más que lo que el merecía. Pronto se disculpo con nosotros por haber estado ausente mientras todos moríamos lentamente.

Sandra dejo a mi papa por un modelo más joven, mi papa regreso pidiendo perdón. Yo lo perdone, Guillermo también y mi mama también. Pero ninguno lo acepto de nuevo en casa. Ahora llevamos una buena relación de padre e hija, claro, no es como antes y nunca lo será, pero me conformo con esto. Lo veo más seguido y tengo la confianza de platicar sobre cualquier cosa que me moleste. Para Guillermo fue más difícil, pero no imposible, ambos llevan una buena relación también. Mi relación como hermana con Guillermo ahora es mucho más fuerte. Platicar con mi mama ya no es un desafío. Luca ahora es más que solo mi amigo. Y yo, que ya volví a sonreír, también pinto a veces, ya no deseo desaparecer, ahora veo la vida como algo hermoso y disfruto cada momento de ella.

Cuento corto original de Bárbara Alvarez PM.

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