La vida me ha mostrado con ímpetu las dos caras de esa dama elegante, oscura y fina. Me ha enseñado sus vestidos y sus máscaras, su carácter voluble: creador o destructor, maternal o frío, inmensamente cruel o protectoramente compasivo.
Sin importar qué vestidos use, que máscaras cubran su rostro, que joyas adornen su ser, te atrapará su belleza. La pregunta es: ¿Te acogerá en su abrazo o te aprisionará en su celda?
¡Oh Reina poderosa!.
I
La cara helada se viste con niebla espesa que la hace ver como una dominatriz vigorosa: Aferra con su látigo y no suelta si no es su deseo que así sea.
Se sirve de armas poderosas para llenar de miedo y sombra.
De no ser cuidadoso te atrapará y no podrás huir de ella.
Es caprichosa: la luz solo puede reposar en sus ropas si es Ella quien lo dicta.
Si lo intentase contra su voluntad, sea luna o estrella,
la cubriría con su capa de tinieblas y la sometería.
Es Ella quien decide cómo, cuándo y cuánto brillará.
Su aliento venenoso viaja en silencio y te besa los labios.
Una vez allí, hace florecer como maleza pesadillas vívidas que te paralizan y te sellan la boca para así ahogar los gritos que intenten huir en búsqueda de auxilio.
De su pecho pende un reloj de arena que la escucha y obedece:
“¿Quieres huir? ¿Anhelas la mañana con sed para que el sol disipe las penumbras?
¡Ja! Guarda tus energías, prisionero. ”
Entre más te muevas más te hundirás en el pantano:
los segundos serán horas y la arena que antes caía
se detendrá para volver arriba, estrangulando la gravedad.
¡Abre los ojos!
Justo cuando creas que no hay salida,
cuando la desesperación invada tu sangre
y quieras abrazar la muerte dejando escapar ese último exhalo,
abrázalo y detenlo…
¡Poderosa!… sí, pero no inmortal:
No puede existir noche sin día.
Poesía original de Colibrí de los Corales.
