El rey del sol también tiene el poder de ser un tirano si así lo desea.
Malhumorado, moldea las horas para hacerlas lánguidas y fatigosas.
Te quita en ocasiones las energías violentamente, rasguñándote la piel,
hurgándote la carne, quebrantando la mente y el espíritu hasta volverlos mendrugos insignificantes.
¿Cómo encontrar las energías para no desfallecer y mantener los ojos abiertos
hasta que el día duerma y cambie de humor?
II
Hay una dama de negros cabellos, de tez oscura y fina,
con ojos luminosos como estrellas,
con dientes tan blancos
que parecen cincelados en fragmentos de luna llena.
Su espíritu es el de una madre protectora,
el de la madre más protectora.
Adopta diariamente las almas cansadas
y las mece en sus brazos hasta hacerlas dormir.
Con su aliento fresco olor a menta,
refresca el espíritu de los dolientes
y se lleva los desagradables sabores de los malos días.
Cura los rasguños de las pieles lastimadas
con los cantos que le entregan sus sirvientes:
con las finas cantinelas de los grillos y los búhos,
con el crujir de las ramas y el danzar cortejante de las hojas.
Es una jardinera vigorosa:
Planta sueños y los riega con luz de luna para cosecharlos luego
y enseñarles a surcar los cielos con libertad.
Cobija con su manto todo lo vivo y lo inerte.
No hay quien se resista a su abrigo protector,
que todo lo renueva para conferirlo nuevamente,
a la hora justa,
en los brazos de su Rey y compañero.
Es tan maravillosa, tan mágica, tan cálida,
que nunca será suficiente una pequeña estadía en sus brazos.
Su abrazo maternal hace que todos quieran volver a ella:
sea para curar sus heridas,
para regar un poco más las semillas de ilusión plantadas por la matrona
o para cosechar los frutos que alimentarán el espíritu
y le obsequiarán las energías necesarias no solo para alcanzar la meta
si no también para deleitarse y palpitar con cada obstáculo y paso del camino.
Poesía original de Colibrí de los corales.
