Una tarde fría. Me encuentro en una casa total mente vacía y una mesa grande en donde al frente se encuentra una ventana; puedo observar un cielo completamente nublado y gris, pareciera que el mundo siente mi dolor y el clima me comprende un poco, a mi derecha se encuentra el reproductor de música reproduciendo You & I de John Legend.
Me ayudaría un café, pero me da pereza prepararlo, me animaría un helado, me sanaría unas caricias.
¿Desde cuándo me convertí en esta persona? La vida fue tan difícil y en ocasiones llegué a caer muy bajo, sin embargo, sacaba fuerzas de algún lugar y me levantaba de nuevo, pero así fueron derrotas, tras derrotas, ¿Desde cuándo me marchité?, ¿Acaso fue en el momento en que empecé a guardar mis sentimientos y no pensar en ellos?, No pensar realmente me ayudaba, no me juzguen, el dolor era insoportable cada día y lo que me ayudaba era no pensar ni sentir, quizá reprimir tanto dolor me fue marchitando poco a poco, la verdad no lo sé.
Empieza a sonar el cielo, son unos truenos realmente fuertes y en ocasiones me asustan un poco… Acto seguido empieza a llover y yo lentamente me dejo derrumbar con pequeños gemidos reprimidos y lagrimas calientes empiezan a bajar por mis mejillas, mi cuerpo está temblando y ya no me importa guardar más el dolor, tengo que dejarlo salir de alguna manera, porque ya no aguanto esta pesadez en mi pecho.
Actúo como una maniática, gritando y golpeando la mesa con las palmas de mis manos, en mi cabeza sólo hay una pregunta: ¿Por qué?, ¿Por qué?, ¿Por qué?, ¡¿POR QUÉ?!
Dejo caer mi cabeza en la mesa, mientras las notas de Love Will Remember inundan el lugar, cada letra de esa canción son como pequeñas puñaladas en mi corazón y simplemente no es justo, y lloro, lloro y lloro…
Lloro por un amor reprimido, lloro por esta maldita soledad, lloro por lo idiota que soy, lloro por todo el daño que he causado y que me han causado, lloro por la distancia, lloro por los recuerdos, lloro por él, pero no me atrevo a pensar en ello porque duele, maldita sea, duele como el infierno y esa es la razón por la que ya no puedo salir de aquí, de este lugar oscuro, mis días han sido una constante tormenta y ya siquiera puedo sonreír. Regreso a llorar desconsoladamente.
¡Joder! Llorar no me ayuda, pensar en el dolor no me ayuda, intentar avanzar no me ayuda, ¿Qué es lo que necesito? Mi corazón me grita fervientemente: Él, él, él, él. Ya no lo soporto más, su ausencia en mi vida, la detesto, detesto toda esta mierda, todo el daño que nos he causado, todo el sufrimiento, es mi culpa, todo es mi culpa….
Despierto y todo está oscuro, no sé en dónde estoy, lo último que recuerdo es la manera en que lloré y los sentimientos que dejé salir, las preguntas sin respuestas (como siempre) y el dolor que no va a desaparecer. Me resigno (de nuevo) es lo único que me queda la resignación.
Voy reaccionando de a poco y me doy cuenta que estoy en una habitación, huele bastante bien y siento que ya he estado aquí, el aroma que inunda la habitación es embriagador, me trae recuerdos de hace unos dos años atrás, para ser más específica me encuentro en una cama grande, por alguna razón sé que a mi izquierda hay una mesita de noche con una lampara y la enciendo, el lugar se ilumina solo un poco con la luz amarilla algo tenue.
Reconozco el lugar, ya he estado aquí antes y como ya lo mencione, dos años atrás, mi corazón empieza a palpitar muy fuertemente y miro el reloj que está al mi lado derecho: 2:10 A.M.
¿Qué mierda?, ¿Cuándo llegue aquí? Hace unas horas estaba en mi apartamento y ahora estoy en otro lugar de la nada, me levanto, el sonido de una guitarra muy suave logro escuchar, ha de ser del cuarto de música en el segundo piso. Salgo de la cama algo apurada y voy al baño, mierda, mi aspecto luce fatal: tengo ojeras y la nariz un poco roja y mi pelo está alborotado, bueno, siempre es así, pero en esta ocasión mucho más, intento arreglar un poco mi aspecto y dirigirme hasta el sonido de aquella guitarra melancólica.
Empiezo a bajad las escaleras, toda la casa está oscura, realmente extrañaba estar aquí, el cuarto de música se encuentra un poco iluminado y allá me dirijo, cuando estoy pasando por el umbral de la puerta le veo, Jared se encuentra envuelto en una melodía melancólica con su guitarra, siempre me ha gustado como toca y la manera de su pasión y concentración en ello, parece que está cantando muy, muy bajito, casi ni se escucha y abre solo un poco los orificios de su nariz y entrecierra sus ojos y sus cejas se arrugan, se ve realmente lindo, como lo recuerdo, me quedo parada observándolo estar en su propio mundo, él levanta la mirada y sus grandes ojos verdes se conectan con los míos, aún la sensación de intimidad y nervios no ha abandonado mi cuerpo cuando él me mira de esa manera, nos quedamos en un largo silencio y él no deja de tocar su guitarra. No entiendo porqué después de todo esto tiempo, cuando le vuelvo a ver sucede en estas circunstancias tan raras.
Narración original de Sara López.
