La niebla

Todos en la vida, sufrimos una incensante ida y venida de rostros anónimos. Llegan, llenos de luz mientras que otros, lo hacen de oscuridad. Impregnan con su olor lo que somos y lo que se nos ha dado como pertenencias. Entonces la niebla que los rodea empieza a desaparecer, a veces es rápido, sin embargo puede ser un proceso lento, largo e incluso, para alguna gente, tedioso. Pero no todo es blanco o negro, hay infinidad de matices, como cuando un haz de luz atraviesa un prisma trasparente y descubre en sí los colores del arcoíris.

Y así descubrimos la verdad que hay detrás de cada identidad, lo que esconde un hombre y heridas tan profundas que ni el tiempo ha aprendido a curar. De modo que algunos comienzan a irse, cuando el sol ha desvelado lo que realmente son. Otras personas se quedan, sin saber por qué, de entre tantas posibilidades, comienzan a unirse los lazos, a coserse en el espacio todos esos rincones vacíos que llevamos con nosotros.

En este punto he de decir, que he tenido poca suerte, o tal vez todo lo contrario, he tenido mucha suerte, ¿por qué? Todo depende de cómo se vea. Los amigos, los que conocen el verdadero significado de esa palabra solo puedes contarlos con los dedo de una mano. Y eso es así, no es un verdad implícita, puede que solo lo vea desde mi perspectiva, pero muy poca gente merece la pena como parar molestar en quedarse o que realmente sea lo suficientemente consciente de lo que hay en su interior.

Y después hay gente, que los ves brillar en la oscuridad, con una intensidad que deslumbra a todo lo que hay a su lado. Cuántos habrán codiciado esas luces, cuántos habrán perdido la suya… cuántos, tantos como jamás podremos llegar a imaginar. Como si la inmensidad del tiempo pudiera dividirse y mostrar todos los que han pasado y los que están por llegar.

¿Y adónde quiero llegar? A lo que considero realmente importante. Siempre he creído que cuando alguien no merece la pena, es mejor dejarla de lado. Y ahora, creo estar equivocado. ¿Por qué? Es cierto que hay ocasiones en las que te das cuenta que realmente es como creías y no vas a encontrar nada más profundo que lo que ves en la superficie, pero si encuentras a gente que, por sus razones, por las veces que habéis reído o llorado, cuidadlos. Quién sabe lo que el futuro les deparará, no sabes cuánto tiempo se quedará. Respetadles, ayudadles, no es el mundo en contra de ti. Es lo que tú mismo quieres pensar contra lo que de verdad está ocurriendo. 

Todos nos hemos perdido, hemos necesitado ayuda. Nadie en el mundo es tan fuerte como para permanecer sobre sus pies el suficiente tiempo que pueda ser lo que viva entre nosotros. Somos hijos del destino, un destino, que desde lo que creo, nos lleva a la nada. Y si la nada es todo lo que nos queda, entonces, debemos desdeñar todas esas cosas que nos han sido otorgadas como objetos, pertenencias. Realmente, lo único que importa son las personas que nos rodean. Eso es lo que debemos cuidar, antes de que sus rostros se cubran de nuevo de niebla. Porque hay veces que esa es tan espesa que puede que no se disperse jamás.

Narración original de Líneas Superpuestas.

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