Solo hay algo en lo que puedo ser inequívoca: si tiro de la tapa de la pluma y la poso en el papel esta dejará su huella. Lo que no podré saber nunca con certeza es que tan insondable será.
Es como cuando caminas en la playa: algunas huellas tienen más ímpetu que otras; algunas son más profundas, otras más contrastadas, más uniformes.
Pueden durar un sol, un atardecer, un anochecer, pueden durar una luna… o pueden durar una ola de mar, un guiño, un beso.
Abro la pluma con la esperanza de dibujar con palabras todo eso que surge del alma, aunque a veces “todo eso” puede ser simplemente un suspiro o un parpadeo.
Abro la pluma para dibujar un segundo y ese segundo puede terminar convertido en horas, en meses… en años. Segundos que tienen el poder de un giratiempo, que te devuelven a esos momentos que algunas vez fueron y jamás serán.
«En los mismos ríos entramos y no entramos, [pues] somos y no somos [los mismos]»
Abro la pluma para esbozar una letra, y esa letra termina convertida en un nombre. Un nombre que quiso ser frase y que no contento con eso se extendió hasta ser página.
¿Página?…No. Páginas.
Un capítulo.
Imágenes, recuerdos…
Un cuento.
Prosa poética original de Colibrí de los Corales, Krisa Giraldo.
