Cáncer de Luna III

Dicen que aquellas emociones tan eléctricas
son tan sólo un vértigo propio de la edad adolescente…
para ti fueron mucho más: salvajes decepciones
que aún candelan de tus labios
como tormentas oxidadas;
como rocíos gangrenados.

A veces, una buena dosis de sedantes
amortigua la caída,
porque dejas de pensar
y por tu mente babea un arco iris;
otras, te dejas llevar por el alcohol,
la cocaína o cualquier mierda que te metas,
sustancias que a la vez te elevan
que te entierran
y que te buscan amigos pero no amistad.

Por eso sigues extrañándote,
cuando tú te lo has buscado:
pensabas que tu adiós no sería digerible
en sus conciencias,
creíste que les castigabas
si pasabas un tiempo entre los muertos,
si marchabas a las cavidades
más oscuras de las nubes,
si no podían encontrarte.

Ya te habían traicionado una vez,
y no les importó diluírte poco a poco,
aplastarte contra los umbrales apagados de un olvido
que a veces impone su sentencia en injusta democracia.
Te mermaron las habladurías deshonestas
de aquellos que nacieron con los labios infernados,
con la lengua llena de volcanes y cristales rotos.

Entre todo y entre todos
consiguieron funerarte antes de tiempo…

… Y al final, te plantas en los treinta
con el alma llena de moho;
las pupilas troceadas,
perfiladas de carroña;
a solas con tus pasiones carnívoras,
presa del peor dolor posible:
aquel que causa más vergüenza que tristeza.

Eran personas. Son recuerdos.
Eras persona. Ya no eres nada.

Poesía original de Eros Ignem.

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