Hoy, por fin, el anochecer cayó en mis redes…
Ya nunca tengo demasiadas ganas de pensar.
Tomé un poco de viento entre mis manos;
tan cálido, tan sólido, tan vivo, tan inflamado de versos…
Tan real.
Hace veinte años, también todo era real…
Lo eran las ganas de vivir,
de conocerla a “ella”,
y de ser un hombre fuerte
que la pudiera sostener sobre los hombros
si me necesitaba.
Eran destellos ambiciosos
que me partían los ojos por la mitad;
destellos que rumiaba en plenitud
mientras el atardecer templaba estas montañas…
Pero las cosas no salieron bien;
y atrás no he dejado más que un reguero de pétalos torcidos.
Recuerdos que tosen sangre;
proyectos muertos en los que me dejé la espalda,
y que navegan por mis ojos
como fuegos fatuos
cuando alguien me habla y parece que no escucho.
Aquél hombre decreció
hasta convertirse en un adicto al dolor,
con tanto miedo de la muerte que no vive.
Soy todo lo contrario a lo que quise darte…
una versión desfigurada y tóxica
de lo que siempre quise ser…
Y tengo que cambiar.
Poesía original de Eros Ignem.
