En quince

Incluso antes de hablarnos                
mi cabeza ya giraba de lado a lado
y mi corazón latía sin descanso.

Creía haberlo visto todo,
pero cuando apareciste todo pareció muy poco.

Desde que te vi noté que la melodía de tu voz
estaba por encima de todos.
Y tu aroma despertaba hasta a un muerto tronco.

Aunque te vea todos los días
ni treinta años me bastarían;
necesitaría de una eterna monotonía.

Con esta carta, hoy expreso
todo lo que bueno que [te deseo]
obtengas todo lo que buscas sin descanso.

Poesía original por Christian Kleriga.

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