Carne

cadaveres-literarios:

Debajo de mi piel escondo secretos, flores secas que brotan por mis poros y mis venas. Mi cuerpo se cuartea ante mi sequedad e indiferencia. Soy polvo, no alimento ni a estas pobres raíces muertas.

Soy palabras e ideas navegando un pedazo de carne, pensamientos enjaulados por órganos que se pudren con el paso del tiempo.

Si quiera muerta fertilizaría estas flores marchitas.

Ya no soy. Ya no estoy. Pienso y sobre-existo, híper-consciente del espacio que ocupo, de las capas de carne bajo las que me escondo. Deformidad, un pedazo de sangre, huesos, nervios y ansiedad aprisionados por esta piel marchita.

Quiero escapar, deshabitar estas paredes que me confinan al ahora y al mañana pero las uñas no alcanzan a desgarrarme la piel y crece esa aprehensión que me hincha los pulmones y acelera al motor de esta máquina cubierta en piel.

¿Qué son estos dos pedazos de carne y grasa que cuelgan de mi caja torácica? ¿Cuántos pliegues de carne esconden la parte donde mi exterior conecta con lo interno?

Cambio lo que puedo para aquietar esas ganas que tengo de destruirme, modifico bajo poco presupuesto lo que en vida jamás lograré destrozar. Ni siquiera mis palabras ni ideas podrán escapar del deterioro de esta prisión.

El verbo ser y estar poseen horrores sin rostro. Existo y ya no soy. Soy carne y huesos, un recipiente para las ideas, mi lengua un traductor para palabras que me trago junto con tanta saliva y fluidos.

El verbo ser y estar me desfiguran: mujer u hombre, todo o nada. No existe intermedio, no existe nada fuera de este binario, no hay palabra que describa la asfixia de estar encerrada bajo tanta piel y carne. Soy, estoy, mi cuerpo existe pero desvarío al percatarme de su existencia. ¿Qué soy si no estas ideas? ¿En dónde estoy si no en mis palabras? ¿Por qué me aprisionan pliegues tras pliegues de lo que jamás seré?

Mi nombre se convierte en el eco de mis gritos angustiados que no logran escapar de mis labios.

“Eres, existes” pero no soy, no aquí, no así, no en esta carne y estos huesos, no en esta carne o con esta sangre, no mientras sea entre estos barrotes que aborrezco.

Soy. Existo. Agonizo. Ya no logro escuchar mis gritos de terror ante lo interminable de mi prisión. Araño, escarbo, busco una salida; como coyote atrapado, intento amputar lo que me aprisiona ¿pero cómo destruyo el todo sin destruirme por completo?

Hay sangre, carne y mugre entre mis uñas, pedazos del ser que no logro destruir. Me rindo. Me ha engullido ya este monstruo de carne. Ya no soy. Ya no estoy.

Prosa poética original de Aileen Martínez Soto.

Deja un comentario