En este país de trivialidades, me remuevo en esta arena movediza que me inunda hasta el hombro derecho.
En esta tierra que no me pertenece me he desviado de ese camino hacia el Mediterráneo. Hoy las huestes zoomorfas me consumen las carnes, beben de mi sangre y lo disfruto. Disfruto esa destrucción, esa consumación de mis vicios y mis virtudes. Me desencadeno, me reprocho, me alabo, me exalto hasta el grado mas indecente del hemisferio norte.
En este extasís de mosto y ceniza, me regocijo en el silencio de mi mente. Los pensamientos callan porque discrepan, se mienten, se acusan, se maltratan, se besan en la boca metafísica.
Ningun motivo, ninguna risa. Ningún pesado resfrío ha condicionado las acciones. Soy un animal, soy un forastero de estas tierras benditas, soy una especie en peligro de extinción.
Bendita entre benditas, maldita entre malditas, aquí se juega el pellejo, se juega la integridad de nuestra conciencia.
Hoy viajo en silencio a ese desenlace en donde lo coherente y lo ingenuo parece una puta fantasía. Todo es hermoso en esta locura…
Todo es relativo, todo es EPIDERMICO, diría Cortázar. Suspiro, me canso, todo es mundano como el motel de la medianoche, como las putas de la sexta avenida, como esa belleza decadente, del análisis freudiano de mi convulsionada mente…
– despierta, ya es hora de desayunar.
Prosa original de Manuel Mendez.
