Nada

Galopaba la luna en silencio por su pelo.
La miraba otra vez,
celoso de las sombras que soplaban en su rostro.

Olía dulce.
No sé si eran las flores de Agosto
que sudaban perfume de estrellas
o que la cercanía de su piel me golpeaba en la nariz,
abriendo heridas incurables;
heridas que nunca sanarían.

Mi aliento irregular y nervioso
tropezando contra sonrisas idiotas…

Eso es amor.

Y ahora, años después…

Nada.

Poesía original de Eros Ignem.

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