Te lo he dicho mil veces, que el cielo y yo somos casi iguales… incomprensibles, llenos de nubes grises; tan estrellados; tan soleados;
tan lluviosos en el mes de Agosto…
El cielo y yo somos uno solo. A veces, también mis letras se nos juntan, y entonces, desatamos tormentas.
Pero ahora, mira bien lo que has provocado, el cielo y yo estamos por desatar un tornado.
Escucha los truenos advirtiendo lo peor. Dime si puedes sentir cómo el viento empieza a prevenirte, dime si puedes sentir cuando comience a azotar tu piel con toda su fuerza.
Esta vez no hay escape. No hay refugio. No hay nada. Porque has sido tan torpe, has sido tan tú mismo, que nos has pedido que desatemos todo lo que hemos guardado. Toda la malicia que me falta y toda la maldad que me sobra…
Encontré mis agallas mal puestas en algún cajón con telarañas, y encontré también todo el valor y la valentía que nunca tuve. Así que corre todo lo que puedas, huye y no mires atrás, porque no habrá más días de calma, no habrá más días de sol. A partir de hoy no habrá más estrellas para ti, ni luna que alumbre en tu abismo.
Y llegó el momento, lo que tanto querías.
Ya quiero ver a qué te aferras cuando se te junten la tierra y el cielo.
Ya quiero ver a quién te aferras, porque a partir de hoy, ya no te quiero.
– Miriam Gris
Poesía original de Miriam Gris.
