Náufragos

Eran unos treinta o quizá más
los días que pacía con la viuda soledad
Prosperando nuestros lazos
sucumben y prosperan
los demonios que agasajo
y los devotos de la pena
ni nos visten ni nos rezan.

Eran treinta, quizá más,
perdí la cuenta la verdad;
nos sentamos en las chirlas
de espaldas a la mar
imaginando su dureza
y nuestra infame humanidad,
que estima a naufragados
sin saberlos ayudar,
somos nosotros, nos ahogamos
dándole la espalda al mar.

Eran treinta… ¿quién cuenta ya?
ya no somos, ya no estamos
y me tragó la soledad.

Poesía original de Joan F.

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