III

Nos creemos imparables en un mundo inamovible, donde el tiempo que vivimos marcha más rápido de lo que pedimos y donde los sentimientos a los que damos luz a menudo no son correspondidos.

El verdadero y único sentimiento capaz de corresponder y ser correspondido es el deseo, pues él y sólo él sabe de qué color viste el corazón y cuál es la causa por la que merece perderlo.

Prosa original de Joan F.

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