La perfección es etérea.
No toca la puerta para notificar su advenimiento,
no hace anuncios,
es sigilosa.
Es como el viento,
que aparece y te besa los labios sin mirarte previamente a los ojos,
simplemente te besa.
Es tan fugaz, que si no se está atento,
no puede uno percatarse de que ella estuvo ahí.
Nace de lo inesperado y llega al alma de manera directa
-en el silencio,
como un susurro,
como un estruendo- .
En ocasiones aguarda y hace pupa hasta que el tiempo le permite florecer,
y entre más aguarda,
más pulcra y perenne es.
La perfección vive en las alas de una mariposa, que con picardía, vuela hasta el amanecer finamente coloreado de agua y otoño;
el cielo azul de una tarde soleada de septiembre;
un bosque reflejado en la laguna de tus ojos;
el olor del pasto recién cortado;
tu piel perlada;
la luna bañada en miel;
tus labios de néctar;
los suspiros;
los segundos;
un Re perfectamente afinado;
tu sonrisa;
el tiempo…
cuando estás tú.
Poesía original de Krisa Giraldo.
