Sí, yo también lo fui…
Fui feliz aquella tarde noche,
cuando la luz de la ciudad
sudaba bajo el peso del verano;
cuando las nubes empezaban a sangrar un ocaso
incendiado por el riesgo de tormenta.
Ahora lo veo tan vaporoso e irreal…
Ella y yo sentados en la puerta de un bar;
tan adolescentes, tan vitales, tan fuertes.
En mis ojos vibraba su rostro como nunca.
No puedo negar
que el alcohol cincelaba sus facciones
con pericia divina,
convirtiendo su belleza en una jodida bomba de flores.
Mirarla era como huntar mi piel de gasolina;
el placer viscoso de sentir la juventud
latiendo en mis cojones,
y mi polla, temblando nerviosa.
Es la última vez que rebosé inmortalidad;
la última vez que fui feliz.
Y me he dado cuenta
de que siempre busco una canción
que me haga oler de nuevo aquella tarde;
de que siempre busco en el aire
un calor que temple mi piel o mi pasión del mismo modo…
… de que siempre busco recuperar esa inocencia
que murió apaleada entre sus brazos.
Se ha ensuciado el color opaco y delicioso
con que veía yo las cosas…
porque era un negro sin negrura;
melancolía sin arrugas;
sombras que no tenían (casi) manchas.
Pero es ya un imposible…
20 años después, todavía
me pregunto qué ha pasado.
Al menos me ha servido para entender…
Ahora entiendo
que la entrada del Infierno
está en el Paraíso.
Poesía original de Eros Ignem.
