Ese pelo negro que aún arde sobre mis huesos…
A veces no puedo soportarlo.
Brillaba en esos ojos
aquél explosivo laberinto
del que aún no he encontrado la salida…
A veces no puedo soportarlo.
Aunque tenía demasiada muerte
colgando de la piel;
aunque de aquella relación
emanaba una luz tóxica
que volvía la pasión irrespirable…
A veces no puedo soportarlo.
Necesito volver a morder esos pezones
calcinados en azúcar,
cuyas grietas llenas de lava
destilaban acero esponjoso entre mis dientes.
Necesito pegar los trozos de su máscara
y creer que fue real.
Necesito volver a tener de ella
todo aquello que nunca tuve.
Pero no…
sé que es mejor así.
Porque no estuviste
cuando estabas;
y estuviste demasiado
cuando ya no estabas.
Así que no golpees más el ataúd,
que bastante me está costando cada día
echar un poco más de tierra
sobre el féretro.
No vas a salir;
no voy a dejarte suelta
para que me rondes por las noches;
para que te escondas de nuevo
debajo de mi cama
y asaltes mis sueños a traición.
Vete.
Profundo.
Lejos.
¡Cállate ya!
Poesía original de Eros Ignem.
