Una mañana triste, donde el sol nunca dijo buen día, me dispuse a tomar mis cosas y salir por ahí. Llevaba tanto tiempo escondido tras las sabanas que me molestó la poca luz que de pronto se coló entre una nube. Caminé sin rumbo un par de horas hasta que me detuve al pie de un viejo árbol, no entendí el porque me veía parado ahí, hasta que broto en mi mente aquel primer encuentro que tuvimos esa tarde de primavera en ese mismo lugar. Pasamos horas y horas hablando de la vida y de lo que a cada uno le faltaba hacer, quedamos en volvernos a ver pero al día siguiente no supe nada de vos, no fuiste a esa cita en que habíamos quedado. De repente descubrí que no fuiste tu, siempre habia sido yo y aquel viejo arbol.

Prosa original de Korjo Mckoy.

Deja un comentario