Pueblo Abandonado (Memorias de un cadáver de piedra).

Campanas de hierro insomne
pero enfermo,
perdidas en el purgatorio,
más volcadas ya
en el réquiem que en la misa;
que tosen más que vibran;
de pulmones que se apagan
bajo el sollozo
de un paisaje inmerso
en la agonía crónica.

hay lugares que han cerrado las puertas del tiempo,
cargados de ruinas diabéticas,
muros en los que aún se palpa el tumor
de las rencillas pendientes,
de viejos amores;
el eco fosilizado
de añejas emociones en la piedra.

Algunas ovejas pastan solitarias
en tierras donde ya no queda pastor ni lobo,
donde sólo la hierba y sus balidos
hacen los coros al canto olvidado
que partía la noche por amor a la luna.

Algunos hombres se fueron a buscar tesoros en el mapa equivocado,
y volvieron para poner su cuerpo a remojo
en los arroyos de la muerte;
para ser los últimos fantasmas
que azorasen aturdidos en la niebla;
el último suspiro de una aldea muerta.

Debe de ser muy triste para ellos
que los últimos vestigios de tu vida y tu memoria
acaben en el vientre de los páramos.

Por eso algunas noches
sus lúgubres y áridos quejidos
trepan por esas tierras,
buscando a Dios de la mano del diablo.

Poesía  original por Eros Ignem.                                                      

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