Olvido

Olvido.

Decidí volver a escribir y romper con todas las promesas que hice en contra de tu nombre. Y es que a fin y al cabo, tuve que aprender a nadar entre tu mar de promesas rotas, y creo que una más ya no haría la diferencia.

Ya van un par de mañanas que el cielo no desiste en recordarme que ahora estoy y estaré sin ti. 

Ya van un par de tardes que te has limitado a lanzar sólo una señal pequeña de que sigues viviendo en la misma ciudad que yo, pero nada más.

Ya van un par de noches que me resigno a hablarle al espejo porque no te encuentro al otro lado del teléfono al final del día.

Veo cómo las nubes grises cubren todo el cielo, y lo van envolviendo lentamente hasta que va desapareciendo el azul pastel que lo hace brillar en primavera. 

Así es como el miedo y yo nos volvemos uno solo; va cubriendo lento mi piel, y va trepando desde mis raíces hasta el límite de mis pensamientos, hasta ese lugar en donde habitas y te gusta decorar con telarañas y agua salada. 

¿Qué pasará si no vuelvo a verte? 

¿Qué pasará si mis dedos jamás vuelven a enredarse con tu pelo, con tus manos? 

Si los días siguen pasando con prisa y si al despertar ya no recuerdo tu cara, ¿qué pasará? 

Si al pasar por aquel parque y fumar un cigarro no te recuerdo, y si al escuchar aquella canción no me viene tu nombre a la mente primero, ¿qué es lo que pasará? 

¿Qué pasará con todo el mundo que construimos con tanto esfuerzo?

¿Dejaremos que sólo se derrumbe como si nada hubiera importado jamás

¿Dejaremos que nuestros sueños, ahora inútiles, tontos e infértiles se rompan para quedarnos con retazos en las manos y conformarnos con unos cuántos recuerdos? 

Por eso es que tengo miedo. 

Porque la incertidumbre me gobierna cuando pienso en el día en que comience a olvidar el tono de tu voz o la textura de tu piel. Porque no sé qué va a pasar cuando comience a olvidarte, y porque ¡no sé si quiero hacerlo! 

Porque no sé qué encontraré después de ti; porque no sé si me gustará.

Porque no imagino ver al cielo y no encontrarme con tus ojos, ver al horizonte y no encontrar tu mano sosteniendo la mía.

Porque veo esta historia cada vez más tenue…

Por eso es que tengo miedo.

Poesía original de Miriam Gris.

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