Dicen que año tras año,
la soledad huele peor…
Pero yo no estoy de acuerdo;
sólo estás solo si te sientes solo.
¿Acaso no es mejor
despertar de madrugada
y sentir sobre tu piel
el cálido picor de la conciencia tranquila?
¿Prefieres dormir al lado
de una mano fría
que sólo te toca cuando te toca?
¿Prefieres besar cada mañana
un rostro al que ya no besas nunca?
Pues no;
yo me quedo con la cáscara rota
de mis paseos invernales;
con la pulpa lívida de un Sol
que esconde sus encantos en los suburbios de Febrero.
Me quedo con mis veranos
en los que voy a respirar del mar
en el que viene a sudar la Luna;
me quedo con esos brindis con Cacique
que le hago a la pantalla del ordenador
mientras pongo mis canciones preferidas…
Me quedo con mis fiestas solitarias,
y con la alegría de haber perdido a esos amigos
que en verdad no lo eran tanto…
Porque, ¿sabes una cosa?
Las fiestas acaban
cuando las máscaras desaparecen.
Brindo por mí. Brinda por ti.
Quién iba a decirlo…
Pero es mejor así.
Poesía original de Eros Ignem.
