Estoy aquí.

No recuerdo el día
en que al mar le comenzaron a salir arrugas;
ni recuerdo el minuto exacto
en que te toqué por vez primera
y mi piel quedó en la ruina.

Tampoco recuerdo la noche concreta
en que mis anhelos fueron atropellados por la Luna
y quedaron idiotas;
no recuerdo cuándo empecé a patinar
hasta salirme del camino más sensato
y acabar chocando con alguien como tú…

Pero aquí estoy;
tras muchos años perdiendo
salud física y mental,
aquí estoy…
con las canciones rotas reparadas;
con mis versos pisando el acelerador
para huír al fin lejos de ti;
con los frenos que tus ojos rompieron arreglados;
con mis sueños adelantando por fin a tu recuerdo;
con el futuro puesto a punto
y lleno de combustible…

… Un combustible en el que ardes y te agotas.

Aquí estoy,
sintiendo que por fin
el Sol respirará tranquilo
y quizá, sólo quizá,
la Luna deje al fin de ahogarme.

Aquí estoy,
aunque cada día te pensaba
y la evidencia me sepultaba en flores muertas los oídos;
aunque los hechos me hablaran sobre ti
con lengua de hierro.

Aquí estoy,
con el aliento despejado al fín
de todo el mal olor
con que tu nombre manchaba
aquellos pocos besos
que intenté dar a otras mujeres
para intentar rehacer mi vida.

Estoy aquí.
Te superé.
Te esquivé.

Y al pasar por encima de ti,
escuché el dulce rumor de la tristeza
que me han contado que te aflige.

Parece que hiciste tan buena elección con ese hombre
como él la hizo contigo…

Al final resulta
que de los tres
el único que salió ganando he sido yo.

Así que jódete…
porque estoy aquí,
y tú ya (casi) no estás.

Te siento yacer lejos…
una silueta borrosa
tirada en el camino.

Sí, es un camino que quizá no debí tomar,
pero del que no me arrepiento en absoluto;
pues su recorrido fue tan amargo como bello
y lo utilizaré para saber a dónde quiero ir…

… Y a dónde no quiero volver.

Poesía original de Eros Ignem

Deja un comentario