Rozar accidentalmente nuestras manos se convirtió en una tierna pero impetuosa necesidad de tocarnos el alma, de acercar nuestros cuerpos y envolvernos con los brazos con la innegable necesidad de decirnos al oído cuánto nos queremos.
Rozar accidentalmente nuestras manos se convirtió en ese lapso en el que la vehemencia de nuestro interior restalla y el exterior acalla.
Rozar accidentalmente nuestras manos se ha convertido en algo más significante que las últimas vacaciones de verano o que aquella vez que gané ese concurso de literatura.
La vez que rozamos accidentalmente nuestras manos se convirtió en un pequeño momento mágico que nunca olvidaré.
Y ni siquiera lo notaste.
Poesía original de Christian Kleriga.
Publicado por Cadaveres
De niño mi familia creía que la terapia era para los locos y los locos estaban locos por creer necesitarla. Como buen loco, seguí y termine una carrera en el campo de la salud mental, buscando entenderme y ayudar a otros a hacer lo mismo. Para mi sorpresa, encontré lo que quería no donde buscaba, si no en las letras que tanto había intentado dejar de lado como un pasatiempo. Por medio de la poesía, encontré mi voz y comencé e largo camino de entenderme.
Escribo poemas de salud mental: como afecta nuestra relación con nosotros mismos y con los demás, como somos percibidos por los demás como esto afecta las percepciones que tenemos de nosotros mismos, como intersecciona con nuestras múltiples facetas de nuestra experiencia de vida. Por medio de mis letras espero invitar a otros locos a explorar, entender y aceptar quienes somos, a encontrar su propia voz y sus propias palabras.
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