Entre la tierra y el cielo.

Han pasado dos años desde aquel episodio, dos años bastante largos debo decir. Aquí, en el castillo del blanco eterno, algunas de mis amigas se han marchado, mis damas de compañía dicen que nunca existieron, cuando las oigo solo asiento con la cabeza y hago que bebo mi té frutado. ¿Desde cuándo el té hace efervescencias? Dejemos de lado si ellas existieron, para mí el único que continua siendo real es él. La persona que me abandonó en una de estas torres blancas.

– ¿Te gustan mucho los dulces, no es así? – fuí tan ilusa en responder que sí. – Pues aquí te darán todos los que quieras, pequeña.

Y no se equivocó. Recibía tantos que por momentos creía que eran un regalo de Dios, me sentía la niña más afortunada del mundo.

– ¡Señorita Tyler! Bájese de ahí.

Ah…aquí vamos de nuevo. Si yo no tengo nada extraño, solo deje los dulces hace mucho tiempo.

– ¡Baje de ahí inmediatamente!!

Siempre me gustaron las alturas, volar como un ave, pero en la vida real eso no se puede hacer. Hace diez años que me tienen enjaulada, volando entre cuatro paredes, pero ya no… He abierto la reja, quiero salir, quiero verlo a él y decirle cuanto lo lamento, solo quería ser como mamá – termine siéndolo – quiero salir y conocer lo que se esconde tras las murallas, la melodía que suena cuando la gente es feliz. 

Trepé hasta que mis rodillas y uñas sangraran. Los habitantes de este reino muchas veces se preguntaban por qué por las noches miraba las estrellas y enloquecía. Cada vez que la luna salía una parte de mi moría, porque sería otro día en que estaría encerrada; morir era mejor que permanecer allí. Esa noche de dos años atrás, cuando la lluvia empapaba mi frente, me di cuenta que la que estaba mal no era yo, eran todos ellos, así que decidir jugar mi propio juego, buscar otros medios para relajarme para no recurrir a los suyos y caer de nuevo en sus telarañas. Hoy es el día en que seré el sol que flota en el cielo, tengo las alas extendidas y fuertes para dejar la tierra al fin. Cuento solo con un pequeño cuaderno y un lápiz algo gastado. A partir de este momento soy el cielo… y al son de las alarmas, salto

Cuento corto original de @cecetyler-officialquotes

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