Hay algún lugar
en el tiempo y el espacio
donde mis ojos por fín se sacuden las tinieblas;
un lugar donde la noche no sangra;
un lugar donde me asomo al balcón
y enjuago mis pulmones con el canto de los grillos.
Y sonrío venturoso, por primera vez en años,
con la brisa perlada de paz
lamiendo el vello de mis brazos;
con el tranquilo y sereno orgasmo
de la guerra que se acaba
resbalando como un dulce y tímido seísmo por mi pecho.
Pues hay algún lugar
en el tiempo y el espacio
donde he luchado, y he vencido.
Donde las malas hierbas al fín mueren,
retorciéndose contra el espejo
como una alimaña entre las llamas,
cada vez que me miro y por el cristal
trepa algún recuerdo.
Y que nadie se equivoque:
es duro, y muchas veces lloro;
pero la certeza de haber hecho lo correcto,
de haber salido adelante a pesar de todos y de todo,
es como un dolor permanente que por fín estalla,
partido en mil pétalos de rosa a lo largo mi piel;
es como sentir que las puñaladas en el pecho
al final dejaron mi corazón no más seco,
pero sí más limpio…
Es, sin duda alguna,
un lugar
en el tiempo y el espacio
al que sólo se puede llegar
tras haber sufrido mucho,
tras haber perdido a todos
a los que una vez amaste…
Es un lugar que
que habita en lo más hondo de mi alma;
tan hondo que han tenido que romperla
para poder llegar a él….
Y cuanto más cerca me hallo,
más aprecio cada gota de vida y música;
más explotan las lunas, estallando en miel y semen;
más desprecio a los que intentaron dejarme solo en la miseria;
más hombre me siento,
más bruto y más felino,
más honesto e inmoral.
Y llegaré por fin a ese lugar
con el corazón más grande que nunca,
y los cojones conquistados por la poesía
y las ganas de vivir.
Entonces, algún día volveré a verlos a todos,
y sonreiré…
Quizá les diga “Hola”, y después me volveré a marchar.
Porque tendré algo más importante que hacer:
Vivir.
Poesía original de Eros Ignem.
