Buenos Aires

losojosdeltiempo:

Solía odiar
esas idas y venidas a la Capital de El Buenos Aires. Valla a saber porque pero
creo que todo, me arriesgo a decir que, todo porteño del conurbano bonaerense
siempre termina en algún momento encajando en ese hueco, en el epicentro, en el
culo quizá, y visita la urbe de la ciudad, ese micro centro que de micro no
tiene nada, y de centro tampoco.

No sé. Si es
como una ley de gravedad que existe en toda metrópolis o que. O es más un punto
o vía, donde sur y norte pueden cruzarse y encontrarse. Donde este y oeste y
plaf!… porque al este mucho no hay. O sí mejor dicho hay mucha mucha agua. El
río más ancho del mundo. la lunfa del plata. el más oloroso también podría ser.

Solía
odiarlo. Ese caótico devenir. Bocinazo, grito, motores, trenes, bacanes,
camiones, taxis vienen, taxis van, ratis, bocinazo, colectivo, tiras, curdas a
toda hora, otro colectivo, bondi, 133, 6, 12, una muleta, sahumerios, paltas 4
por 25 mangos, muletillas, pero de alguna manera lo terminé apreciando. Me
terminó gustando ese sumergirse en el quilombo del núcleo urbano.

Y lo poeticé.
Lo amontoné en versos, y veo la gigantesca obra teatral que se monta en escena.

Lo llegué
hasta a presumir como una cierta paz interior a esa poetización, pero no tiene
nada de eso. absolutamente nada. Es más una cobardía quizá. Es tratar de pintar
con colores vistosos un cuadro que es en grises por naturaleza. Es vestir a la
bestia de la bella. De alguna manera es una poesía. ¿pero hay aceptación en
ello?¿o es un escape? Porque de repente todo es cruelmente ávido, todo ruido.
Conversación estrellada contra otra conversación, y otra, y otra más, una
polifonía del caos, contrapuntos desordenados, charlas empresariales,
<yo>, vendo bolsitas, <¡Susana!>, bocinazo, otra vez, ¡onomatopeya!,<hasta
el día de hoy>, sí, <no lo voy a tolerar eso>, gracias, <yo no
voy>, puede ser para regalo, la rayuela al lado,<yo no lo voy a tolerar
mas eso>. y me llevé una bolsita. y una sonrisa, ”Chau, Dios te bendiga”, de
los locos tenía que venir, de los locos nos bendice dios. Bolsitas de regalo
hechas de basura para otros. De los locos tenía que venir. Del borda solo puede
llegar eso. “Dios te bendiga”. Ojalá no me bendiga dios por favor. Ojalá que no
me bendiga aquel obsesivo perfeccionador. encarcelador de Lucifer, enemigo del
portador de luz.

La bendición
me la distes vos loco, gracias por la bolsita. Ojalá no me bendiga dios. Ojalá
que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan. Ojalá que tu nombre se le
olvide a esa voz, Lucía, ojalá. Y la bendición también me la distes vos, que
las convertís en cristal a las hojas. Igual que aquel loco del borda. Yo no le vi
nada de loco, todo lo contrario, más cuerdo que cualquier otro. Y convertía las
hojas, no en cristal, pero en bolsitas de regalo. Y me quedé con una por que me
gustaron. Y le debo 10 pesos al del café pero se los dí a él. Y solía odiarlo a
todo eso, al Gran Buenos Aires Gran, yo que soy bien del apaciguado conurbano.
Y el humo sale del pucho, pero nunca vuelve a entrar, igual que la ceniza que
se cae pero nunca vuelve a ser pucho sensual vicio. Capaz si cae en la tierra
crece una flor de esa ceniza. Pero no hay mucha tierra acá en pleno Congreso.
Por eso Dios nos debe haber hecho de barro: para que nos crezcan flores.

Pff! ¿Qué
dios me bendiga? Mil gracias, pero que dios me bendiga un carajo. Bendecidme
vos que me re alcanza. Porque yo no me siento para nada de barro. A vos si te
veo de barro quizá. Y te crecen flores por todos lados. Hermosas flores.
Pasionarias, jazmines de papel. Y los pájaros se posan en vos a descansar y a
oler los perfumes. Ojalá que la tierra no te bese los pasos. Porque soy
bastante celoso. Pero sos vos la que besas a la tierra con esas flores.

Solía
odiarlo. Y mucho. Pero es como la tierra aunque no le crezcan flores. Le crecen
cosas parecidas. Le crecen tangos, milongas, candombes, poesías, novelas. Le
crecen locos, artistas, linyeras, ojalá le crezcas vos ahí en las calles por
donde camino, porque ya te extraño un poco.

¿Cómo voy a
odiarlo? A ese barro frío, oscuro, gris, cambalache, ruidoso de silencios ¿Cómo
voy a odiarlo? Si seguro, cada tanto por algún lugar de la metrópoli, cuando se
te ocurre caer al centro de gravedad desde el conurbano sur, le creces vos, la
más hermosa flor.  

Prosa original de @losojosdeltiempo

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